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miércoles, 12 de enero de 2011

*/ MEDITACIÓN EN EL SIMPOSIO / Antonio Colinas

Desmenuzamos el conflicto

De las generaciones literarias.

Fijamos con clavos de rigor

Las palabras de aire de los autores magnificados.

Enfermos de palabrería,

No cesamos de definir sin definir.

Todos hablamos y hablamos y hablamos

Mientras del día el humo hace noche,

Mientras el cieno torna el blanco en negro

Nadie mira hacia el cielo.

Nadie lee en la tierra.

Nadie escucha la agonía

Del murmullo del agua en los manantiales.

Arden quinientos pozos de petróleo.

Otros vomitan de su negro vientre

Sobre blancas arenas, sobre claros corales.

Van y vienen, sin pausa, los políticos,

dan vueltas y más vueltas al planeta,

mas ellos aún no leen

que los coeficientes planetarios

de podredumbre

sean lo suficiente preocupantes.


Esos pozos en llamas son la obra
vívida y trágica de este fin de siglo

.Con sus imágenes de fuego,

Con sus metáforas de muerte,

Ellos son el poema.

miércoles, 30 de junio de 2010

*/ Junio en Antonio colinas /

La noche de los ruiseñores africanos
Cayó el alma en el pozo de la noche
y desde abajo, desde lo más hondo,
ve la luna de junio madurar
en la brisa, que trae enloquecidos
cantos de ruiseñores africanos.

De "Jardín de Orfeo"

El camino cegado por el bosque
Créeme, no es piedad lo que siento por ti,
ahora que estoy lejos, sino un recuerdo herido.
Por ti y por el camino cegado por el bosque
que no pude seguir aquella noche joven,
perfumada y abierta como el cuerpo de un pino.
No es piedad, sino una sensación de fracaso,
de suave y entrañable dolor que nunca cesa.
Fuiste buena conmigo en mis días de entonces:
me diste cuanto soy, este veneno dulce
que me impulsa a luchar contra el mar, contra el tiempo
y contra el mismo amor de los que bien me quieren.
No es piedad, aún te busco en la noche perfecta,
deseoso, sediento de tus colores ácidos,
de tus estrellas frías, de tus ramas y ríos
helados tras los cielos del más hermoso invierno.
Te lo digo dolido y con los ojos húmedos,
aunque la mente esté segura, serenada:
no te pude tener más cerca, pues mis labios
llegaron a rozar tus nieves, tu horizonte.
No es piedad, créeme; sólo sé que una tarde
avanzada, profunda, descendí de aquel monte
puro y purificado como un fuego de
junio.
Creí volver a ti definitivamente
y me encontré el camino cegado por el bosque.

"Astrolabio" 1975 - 1979